María Ikonnikova te cuenta 10 secretos sobre su vida y su pasión por la pastelería

  1.     Si hay algo que me haga feliz es trabajar en mi obrador. Allí me dedico a probar sabores diferentes, jugar con los colores y las texturas, experimentar nuevos caminos… Disfruto tanto del trabajo como de saber que con él voy a endulzar muchas vidas ajenas.

  2.     Me considero una persona creativa capaz de volcar toda mi pasión en este oficio. De hecho, para mí es algo natural estar pensando continuamente en nuevas combinaciones para mis dulces. También me ayuda mucho el hecho de tener una enorme biblioteca especializada y estar suscrita a las revistas más famosas de repostería.

  3.     ¿Te resulta extraño mi apellido? Efectivamente: soy rusa por nacimiento… y andaluza por amor. Vine a España a pasar unas vacaciones y me enamoré de esta tierra y de un granadino. Hace ya más de una década que vivo en Loja con mi familia.

  4.     Hice mis primeros pasteles al lado de mi abuela. Ella hacía el pan en casa y horneaba los bollos típicos. Y como había vivido los tiempos duros de la Segunda Guerra Mundial, sabía cocinar con muy poco. Aún recuerdo cómo hacía dulces casi sin azúcar pero utilizando frutas de temporada. Zoya es, precisamente, el nombre de mi abuela. Es el pequeño homenaje que le he querido dedicar a quien se ocupó de criarme mientras mis padres trabajaban.

  5.     Cuando tuve que elegir una carrera universitaria me decanté por Ciencias Económicas. En Rusia eran unos estudios tan duros como prestigiosos y, aunque luego me han sido muy útiles, al terminarlos preferí marcharme a la escuela de cocina.

  6.     Mi primer trabajo relacionado con la cocina, aún en Rusia y ya como profesional, fue en un hospital. Allí no pude desarrollar mi creatividad pero esas tareas me permitieron aprender a calcular con una habilidad que hoy muchos de mis colegas consideran extraordinaria.

  7.     Comencé a trabajar la pastelería en serio después de que naciera mi segundo hijo, aquí en España. Primero estudié en Loja con unos sencillos cursos y después he asistido (y sigo asistiendo) a muchas clases de especialización en la mejor escuela de pastelería de Barcelona.

  8.     Durante nueve meses trabajé para mi escuela de Barcelona como traductora de cursos de pastelería del español al ruso. No fue fácil pero trabajar intensamente con los cursos de un campeón mundial fue una experiencia muy enriquecedora.

  9.     Además de una buena escuela se necesita mucha práctica para poner un negocio en pie. Y hacer tartas todos los días ha sido el mejor entrenamiento para lograr que Zoya sea un espacio reconocido cada vez en más lugares.

  10. Soy perseverante, optimista y generosa. Y creo que esos son los mejores ingredientes para lograr que un negocio tenga éxito y, sobre todo, que se mantenga en el tiempo. Confío en ello para compartir mi pasión pastelera con cada vez más cantidad de gente.